Cambio de hora: el desajuste del sueño que altera el hambre y las rutinas

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Especialista advierte que el cambio de hora puede generar una desconexión entre el reloj biológico y los horarios de comida, alterando el apetito de forma temporal. 

El principal efecto del cambio de hora no está en la dieta en sí, sino en el desajuste temporal entre el reloj biológico y los horarios cotidianos. Durante los días posteriores el organismo continúa respondiendo al horario anterior, lo que puede traducirse en menor apetito en la mañana, más hambre en la noche o variaciones en los horarios habituales de comida.

“La gente mantiene sus horarios habituales según el reloj, pero puede haber una desconexión con las señales internas de hambre. Por eso, es común sentir menos apetito en la mañana o más hambre en la noche”, explica Paola Palomera, directora de Nutrición y Dietética de la UST sede Santiago.

Este fenómeno está directamente relacionado con el ritmo circadiano, que regula funciones como el sueño, la vigilia y el apetito. Su alteración, especialmente cuando hay menos horas de descanso, también impacta en las decisiones alimentarias. “Dormir menos puede afectar hormonas como la grelina y la leptina, favoreciendo una mayor sensación de hambre o preferencia por alimentos altos en azúcares y grasas”, advierte la especialista.

Pese a estas alteraciones, la especialista indica en que el cambio de hora no genera, por sí solo, un impacto metabólico significativo ni un aumento de peso. Sin embargo “si estos desajustes se mantienen en el tiempo y se asocian a menor actividad física o a patrones alimentarios irregulares, podrían contribuir a cambios negativos en la salud. Las personas que logran adaptarse rápidamente y mantienen hábitos estables suelen tener efectos transitorios y de bajo impacto”, agrega Palomera.

Claves para adaptarse sin afectar la alimentación

La principal recomendación es priorizar el descanso y mantener la regularidad. “Ajustar gradualmente los horarios de sueño, sostener tiempos de comida estables y evitar cambios bruscos en la dieta facilita una adaptación más rápida. También se sugiere favorecer la exposición a luz natural durante la mañana, reducir el uso de pantallas en la noche y evitar estimulantes como la cafeína en horarios tardíos”, complementa la directora de Nutrición y Dietética de la UST sede Santiago.

En términos alimentarios, optar por comidas balanceadas, no saltarse el desayuno y preferir cenas más livianas -idealmente más tempranas- puede ayudar tanto a regular el apetito como a mejorar la calidad del sueño. “Además, es aconsejable limitar alimentos muy altos en azúcares o grasas en la noche, ya que pueden interferir con el descanso”, concluye la especialista.