Por Víctor León Donoso
En estos días se conmemoran los 100 años de la llegada del primer tren de San Fernando a Pichilemu, algo que hoy resulta quizás desapercibido por la falta de servicios ferroviarios en el mismo tendido, pero algo no menor, que aún permanece en la memoria colectiva de los adultos que pudieron viajar en este tren que se transformó en algo mítico. Aquí algunas informaciones:
Primero, fue un proyecto que se inicia en 1870 y que tendrá tres etapas: hasta Palmilla en 1872, luego hasta Alcones en 1891, para luego enfrentarse a cruzar la cordillera de la costa, donde se ejecutan tres túneles, uno de ellos el Árbol, obra de ingeniería más importante en Sudamérica hacia 1905.
Segundo, el tren transformará la concepción espacio-tiempo durante el siglo XIX, haciendo de trayectos de días a algunas horas, llevando el concepto de modernidad a los espacios recónditos de la provincia de Colchagua.
Tercero, alrededor de cada estación se asentarán espacios urbanos, los que se van a ver aumentando su población. La estación se transformará en el nexo con la modernización; allí llegarán los pasajeros, las cartas, diarios y será el centro social de todos estos poblados. Si observamos hasta el día de hoy comunas como Marchigüe (hoy Biblioteca Pública) o Peralillo (actual Centro Cultural), aún las antiguas estaciones son el motor urbano y comercial.
Cuarto, el recordado Tren Excursionista que hacía el recorrido los días domingo, durante el periodo estival, funcionó desde 1926 a 1985. Permitió que parte importante de la población pudiera asistir por el día a los beneficios del balneario de Pichilemu. Quizás el viaje más recordado por la población.
Quinto, fue el tren a Pichilemu el que consiguió que las clases populares llegaran a ver el mar; por su bajo costo, viajaron no solo familias y amigos, sino clubes de futbol, sindicatos y colegios, llegando a su máxima capacidad durante la Unidad Popular en 1972.
Sexto, el tren a Pichilemu fue el reflejo de diversos periodos de nuestra historia, vio el esplendor ferroviario gracias a los dineros del salitre, el cambio de energía del carbón al sistema diésel. Sintió procesos modernizadores a inicios de la década de 1940, cuando Chile quería industrializarse, pero también vivió de manera latente las políticas que asfixiaron a los ferrocarriles cuando, en 1978, termina la subvención a ferrocarriles, terminando los servicios de 28 ramales ferroviarios. En 1973 existían 8.518 kilómetros de vía; en 1990 solo 4.269 (fuente, Memorias de Ferrocarriles).
Séptimo y anécdota: El primer tren de pasajeros llega oficialmente el 5 de enero de 1926. Pero el periódico La Verdad de San Fernando escribía el 12 de enero de 1926:
“De todos es ya sabido que los trenes a Pichilemu desde hace varios días hacen su carrera día a día. Pero lo que no saben es cómo hizo su primer viaje. Los técnicos hasta hace poco no se animaban a efectuarlo. Más un día dado, el senador don Alfredo Piwonka llega a Larraín Alcalde acompañado de una veintena de amigos; se encuentra en la estación con que no hay autos ni carruajes ni carretas en que seguir viaje de allí a Pichilemu, ni él ni los otros. Entonces se arreglaron de manera de conseguir autorización de la Dirección para hacerlo andar y lo hicieron correr, llegar al puerto sin tropiezo ninguno a pesar de las muchas curvas que tiene esa línea. Esa fue, pues, su primera carrera”.
Hoy, la conmemoración de los 100 años del tren a Pichilemu, nos lleva a la reflexión, a colocar nuevamente la necesidad de potenciar el transporte ferroviario en varias zonas de nuestra geografía. Más aún cuando las carreteras en el país están congestionadas, y los tiempos de desplazamiento entre distintas ciudades se conservan al igual que las últimas décadas. No menor, los últimos recorridos del tren a Pichilemu, su tiempo demora era alrededor de tres horas. El servicio n.º 231 salía desde San Fernando a las 18.26 y llegaba a Pichilemu a las 21.30 horas en 1983, las mismas que aún hoy persisten en un bus desde San Fernando a Pichilemu.
La historia no solo nos traslada al pasado; lo importante es entender los errores y enseñanzas que nos puede dejar. Por ello, esta conmemoración de los 100 años del tren a Pichilemu no solo sirva para el recuerdo, sino para soñar con un futuro de mejor esplendor ferroviario, y quizás la vuelta a este tendido.
Mientras, lo que queda de infraestructura debemos defenderlo, desde el humilde ciudadano hasta la máxima autoridad, además de su valor patrimonial, para uso dignos de esta riqueza qué tanto costo al Estado. Y saludos a todos los ciudadanos de San Fernando y Pichilemu que desde 1986 dieron la alerta de lo que vendría referente al ferrocarril chileno, en especial al querido y recordado ramal ferroviario San Fernando-Pichilemu.

